¿QUE ES “HUELLAS DE ESPERANZA”?
Cada vez son más las capacidades que la medicina les reconoce a los animales para complementar el tratamiento clínico de una gran variedad de enfermedades físicas y psicológicas: psicosis, trastornos de conducta, agresividad, depresión, problemas de lenguaje, parálisis cerebral, enfermedades cardiovasculares, fobias, esclerosis múltiple, alteraciones musculoesqueléticas, síndrome de Down, trastornos respiratorios, dificultades motoras múltiples, ceguera, hipoacusia, anacusia, y hasta el cáncer y el sida son algunos de los males en los que el contacto con los animales pueden marcar la diferencia del abordaje, la calidad de vida del paciente y hasta del tratamiento.
Así surgen: la terapia asistida por animales y los animales de asistencia.

Como fiel ejemplo de alguien que comprendió estos roles diferenciales de los animales, tenemos a la Hermana Pauline Quinn, creadora del Prison Dog Program en Estados Unidos, un proyecto que consiste en enseñar a los reclusos dentro de las cárceles el arte del adiestramiento canino, para que los perros entrenados

sean utilizados con fines sociales, como perros de asistencia (lazarillos, perros para sordos, para discapacitados motrices, etc.).
La Hermana Pauline descubrió su vínculo con los animales y su vocación religiosa de servicio como consecuencia de una vida muy dura.
Nació en un hogar con violencia familiar, de la que fue sacada para internarla en sucesivos hogares para niños. Ya en la calle y viviendo en un auto abandonado, fue violada y quedó embarazada por lo que, al ser casi una niña y desamparada, debió dar a su bebé en adopción.
Retornó a la calle y adoptó un perro que, tras entrenarlo, la protegió de nuevos ataques como los que había padecido.
Asimismo el perro le permitió reconectarse con la sociedad.
Esta vivencia le reveló su capacidad para vincularse con los animales.

Ya con hábitos religiosos, Pauline, complementó la vida del convento con su pasión por el servicio a través del adiestramiento de perros.
Años más tarde trasladó su experiencia a las cárceles donde su iniciativa fue bienvenida.
Con el apoyo de en¬trenadores profesionales, un grupo de reclusos aprendieron a trabajar con los perros.
El alto grado de resociabilización que se alcan¬zaba en la mayoría de los re¬clusos llevó a instalarlo como un programa oficial.
Así se transformó en un pro¬grama nacional: Dog Prisión Sistem. Corría el año 1981.
Pauline fue invitada a repetir la expe¬riencia en otros lugares y así es que hoy se aplica en Italia, Kenia, Uganda, etc., reproduciéndola en más de 300 cárceles de Es¬tados Unidos (sólo en el esta¬do de Ohio hay 33 funcionan¬do).
La Hermana Pauline Quinn llegó a la Argentina invitada por el Dr. Juan Enrique Romero, médico veterinario y docente universitario, para participar del II Congreso so¬bre los animales y su impacto en la salud en el año 2009.

De su visita surge la decisión política de instalar estos programas en Argentina.
De esa forma, la Hermana fue recibida por la Presidenta de la Nación Dra. Cristina Fernández de Kirchner, el Jefe de Gabinete y las más altas autoridades penitenciarias de la Nación.
Luego de un arduo trabajo, el programa Huellas de Esperanza se inauguro en abril del 2011 en la unidad 19 de Ezeiza.
El programa está destinado a unidades de detención semi abiertas como la U19 de la Colonia Penal de Ezeiza y otros establecimientos como la U25 de la provincia de La Pampa con regímenes destinados a quienes están en los últimos tramos de cumplimiento de sus condenas y que reúnen, además, perfiles personales individuales adecuados para desarrollar tareas de paciencia , tolerancia y persuasión.
Tras un promedio de 15 meses de entrenamiento, los canes aprenden diferentes tareas inherentes a la asistencia de distintas discapacidades( motrices, auditivas, visuales, etc.), transformándose en un perro de asistencia..

Los perros son entregados en forma gratuita, lo que le otorga al programa un triple beneficio: no tiene costo para los beneficiarios, da un oficio y contención para los presos y consigue un hogar para muchos perros callejeros, en los casos en los que no se utilice perros de raza.
Los internos que voluntariamente acceden a la iniciativa, trabajan con la finalidad de educar a los perros, en las tareas de lazarillos y asistencia a discapacitados motrices.
De esta forma, los reclusos tienen la posibilidad cierta de tener una oportunidad de reinserción en la sociedad con una profesión digna y sobre todo de beneficiarse con los efectos del vínculo emocional con los animales.
La experiencia nos demuestra que el contacto con los animales puede ayudar a superar casi cualquier situación y es un Programa donde todos ganan y ganan en amor…